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Día Mundial del Teatro: La vida escenificada desde los inicios de la Humanidad

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En los orígenes del ser humano se sitúa una capacidad fundamental que le hizo diferenciarse del resto de los seres que poblaban el planeta por entonces. No sólo le hacía diferente sino que, a la larga, su nivel de evolución en ese aspecto le hizo superior y logró con ello dominar, en la medida de lo posible, los elementos que le rodeaban. Se trata de la COMUNICACIÓN. Desde que unos a otros los individuos se enviaban gestos o gruñidos, o desde que representaban pictoricamente animales en las cuevas para propiciar la caza, el ser humano no ha dejado de comunicarse y eso es lo que le ha ayudado a sobrevivir hasta el siglo XXI, agrupado en comunidades, en familias, en parejas… Pues bien, un paso más a esos gruñidos y gestos fue la introducción de la música y la danza, otros dos importantes medios de comunicación. Con ellos se realizaban rituales mágicos muy teatralizados y exagerados, y es ahí donde debemos buscar el origen de lo que hoy, 27 de marzo de 2011, celebramos a nivel mundial: el teatro.

Avanzando en el tiempo, pero asentados aún en la antigüedad, tenemos que referirnos al Antiguo Egipto, como casi siempre que hablamos del origen ancestral de una costumbre actual. Los egipcios, pioneros en tantas y tantas cosas, descibridores de tantas otras, representaban ya miles de años antes de nuestra Era dramas referidos a la muerte (la resurrección de Osiris es un claro ejemplo). Pronto aparecen las primeras máscaras y, con ellas, las dramatizaciones más exaltadas. Pero sin duda a todos se nos vienen a la mente los casos de Grecia y Roma cuando hablamos del teatro antiguo.

Las danzas y los cánticos acompañaban a las escenificaciones de la vida de los dioses griegos, pues por todos es sabido que el mundo mitológico era tremendamente importante para los griegos. Pero pronto en Grecia se inician las primeras representaciones de carácter dramático. Se llevaban a cabo en las plazas públicas y, pese a todo, seguían muy ligadas al mundo divino de los dioses hasta que la evolución artística llevó a la aparición de los modelos tradicionales de tragedia y comedia alrededor del siglo V antes de Cristo (Grecia Clásica). Poco a poco, el teatro se iba haciendo más complejo, con más actores y más actos, por lo que el lugar de representación sufrió igualmente una variación: eran necesarios mayores escenarios y, por ende, mayor capacidad para un público más multitudinario.

Teatro de Mérida (viajarporextremadura.com)

Es entonces cuando se erigen en piedra los grandes teatros de los que seguimos conservando restos hoy en día, con capacidad para miles de personas y, en general, aprovechando las colinas naturales para situar las gradas con mayor facilidad y seguridad. Eran edificios abiertos de forma circular con una orquestra (lugar donde se llevaba a cabo la representación) y detrás un espacio para el cambio de vestuario y la preparación de los actores. Tras la orquestra, lonas pintadas hacían las veces de decorado, junto a las vestimentas y máscaras. Un coro acompañaba la representación que, o bien acababa trágicamente, de forma heróica, aludiendo a los dioses o criticando a personajes del momento de forma satírica.

En Roma se siguió el patrón griego, si bien algunas cosas cambiaron: los romanos construirían sus primeros teatros en madera sobre suelo plano con varias plantas en mampostería. Los espectáculos se representaban sobre una plataforma, origen de los escenarios actuales (el pulpitum) y en general lo que primaba era la comedia, ya que para ellos, como el circo, el teatro era una forma más de divertirse o entretenerse.

Mayas, aztecas e íncas destacaron también en el ámbito teatral en el continente americano. Igual sucedió en Asia, donde son destacados el caso de China o la India. Los chinos tienen una tradición milenaria en la práctica de poemas escenificados, mientras que en la india es más ritual y simbólico, siendo la música y la danza muy importantes.

Europa “dejó de lado” en cierto modo al teatro durante muchos siglos, pero el clero recuperó su uso en la Edad Media con fines didácticos. De hecho, las representaciones se hicieron habituales desde el siglo XI en las iglesias para difundir la doctrina cristiana.

Posteriormente, los grandes logros y cambios culturales que trajo consigo el Renacimiento italiano a partir del siglo XIV son bien conocidos, y en el ámbito teatral no podía ser menos. El teatro renacentista se va a inspirar en los modelos clásicos (como el resto de las artes renacentistas: renace el clasicismo) y estaba destinado a las clases aristocráticas, con salas mejor adecuadas y más cómodas.

Teatro Colón (profeblog.es)

Las diferencias son muy claras con el teatro inglés de la época de Isabel II. Se produce entonces un esplendor del drama, siendo Shakespeare la figura más crucial del perídodo. El público rodeaba el escenario por tres lados, mientras que en la parte alta se colocaba la nobleza.

Estos siglos XVI y XVII ven llegar a España los corrales de comedias al aire libre, en las que se representaban obras de los grandes dramaturgos españoles de la época, como Lope de Vega o Calderón de la Barca. Se trata del Siglo de Oro español. Posteriormente, con el Barroco (siglo XVIII) el teatro verá llegar, debido a la popularidad que estaba alcanzando la ópera, máquinas más perfeccionadas que daban una apariencia más real a la representación (los actores vuelan sobre el escenario, desaparecen…). Y así hasta el siglo XIX, en cuyos últimos años se replantea el arte dramático por las nuevas exigencias de libertad creativa.

Así, el teatro moderno se caracteriza por esa libertad absoluta en el planteamiento del diálogo, con nuevas concepciones del espacio, de la iluminación y de la plasticidad gracias a las innovaciones técnicas y a la total libertad de los directores. Las obras de teatro clásicas se reformulan hoy con nuevos lenguajes; las obras recientes y más novedosas nos sorprenden con infinidad de choques de sentimientos, de giros expresivos, de escenificaciones apabullantes o diálogos pasmosos.

Todo cabe hoy en el teatro. Todo. O casi todo. Decir que cualquier cosa tiene cabida en el cine, en la pintura, en la música o en cualquier otra arte quizás sea quitarle valor, pero podemos decir que tenemos la suerte de encontrarnos en un momnento en el que la libertad, la imaginación y la creatividad se han apoderado de los artistas, que ya no se ciñen, (porque nadie les obliga a ello) a estereotipos, temas, modos o diálogos, sino que dejan fluir lo que sienten hacia un público que, aunque menos numeroso que el que se congregaba en las gradas de los teatros griegos, sigue disfrutando de la magia del teatro. Nada puede compararse a la presencia de un actor sobre una tabla de madera que, ante cientos o incluso miles de personas representa lo que no siente y hace sentir a esa gente aquello que está escrito en un triste guión en papel. Eso es magia

Que el vello se te erice al ver su rostro, al escuchar sus palabras o al sentir lo que trasmite es magia; que salgas del teatro desorientado tras haber reído y llorado en la butaca sin saber aún muy bien por qué es magia. Y si en un momento como este, el que vive la sociedad actual, renunciamos a la magia como muchos pretenden, ¿qué nos queda? Celebrémos, pues, el día del teatro como merece y hagamos que jamás se agoten las ganas de disfrutar del mundo del espectáculo en vivo y en directo. Y no olviden apagar sus teléfonos móviles antes de que comience la función. No tengan prisa en encenderlos de nuevo cuando salgan de la sala. Sólo disfruten.

Miguel Alonso

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Written by siglosatras

27 marzo, 2011 at 14:48

Alejandro Magno, el dueño del mundo

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Qué grande, qué magnífico. Extraordinario y regio, majestuoso y grandioso, soberbio, brillante… el joven macedonio que conquistó el Imperio Persa en el año 331 antes de Cristo en la batalla de Gaugamela; aquel que inclinaba levemente la cabeza sobre su hombro derecho cuando te miraba fijamente y te hablaba; tenía un ojo marrón y otro gris, quizás por un traumatismo craneal; el pelo rizado y castaño claro; blanco de piel. Aquel rebelde al que muchos no entendieron; ése que luchó como ninguno y que entró por las puertas de Babilonia aclamado como un rey. Murió antes de los treinta y tres años, seguramente envenenado, pero fue uno de los más grandes luchadores del mundo antiguo, ya que su padre le dijo de niño que Macedonia se le quedaba pequeña y con tan sólo veinticinco años ya había conquistado todo el mundo conocido. Alejandro III de Macedonia, Alejandro Magno. Al pronunciar el nombre se te llena la boca: Alejandro Magno, Alejandro Magno… el grande, el incomparable, el temido. Quiso faraonizarse, pues le apasionaba Egipto desde la primera vez en que estuvo allí (país del que fue rey), y en los relieves de Karnak aparece haciendo ofrendas al dios egipcio Amón. Mantenía relaciones sexuales de manera indistinta con hombres y mujeres (quizás incluso con su madre). Eso sí, sólo con mujeres y hombres jóvenes y bellos, pues eso era lo más normal en la Antigüedad. Fue alumno de Aristóteles, y uno de sus hijos nació cuando Alejandro ya había muerto. Su Imperio, que se repartió tras su desaparición, nunca más sería el mismo. Un héroe o un guerrero sin piedad; un asesino o un conquistador. Quién sabe… era Alejandro el Magnífico, y por algo sería ¿no?

Miguel Alonso

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Written by siglosatras

2 marzo, 2011 at 21:07