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Archive for the ‘Pintura’ Category

Un pedacito de Da Vinci llega a España y revoluciona en su primer día

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No ha tenido una vida fácil; ha sido una mujer que ha estado años desaparecida, a la que han escondido y que incluso fue raptada por los nazis de la Alemania de Hitler, pero hoy ha llegado a Madrid con el mismo gesto con el que el genio renacentista le diese forma a su rostro, y lo ha hecho escoltada por el propio Ejército polaco como una mujer de la más alta alcurnia. “La dama del armiño” descansará de sus viajes en la capital de España hasta el 4 de septiembre de 2011, concretamente en la exposición Tesoros de Polonia, en el Palacio Real de Madrid.

Se trata de uno de los cuatro retratos que Da Vinci realizó a cuatro mujeres diferentes, entre ellos el reconocidísimo retrato de la Gioconda. En este caso se trata de Cecilia Gallerani, amante del duque Ludovico Sforza, y se expone en España por primera vez como la pieza central de la exposición organizada por Patrimonio Nacional.

"Dama de Armiño", de Leonardo Da Vinci

Junto a este cuadro descansan en las salas del Palacio Real otras 194 obras de importantes genios del arte como Rembrandt, por ejemplo, pero la llegada de este óleo de Da Vinci de 1490 ha eclipsado durante el día de hoya todas las demás.

El Museo del Prado había intentado ya que esta obra se expusiese en España anteriormente, pero ha sido ahora cuando la voluntad de su propietario, el aristócrata polaco Príncipe Adam Carol Czartorysk se ha hecho realidad, en cierta medida por la insitencia del presidente de Patrimonio Nacional, Nicolás Martínez-Fresno.El dueño del cuadro nació en Sevilla durante la Segunda Guerra Mundial, momento en que su familia se refugió en España, por lo que su vínculo con este país es muy grande.

Y algunos se preguntarás, ¿por qué porta esa dama elegante y con tanta clase un armiño en los brazos? Se trata de un símbolo motivado por un hecho real: el propio duque era conocido con ese sobrenombre, el de “armiño”, por haber sido nombrado por el Rey Fernando I de Aragón caballero de la Orden de caballería de Armiño en 1488.

Si nos centramos en los aspectos más técnicos de esta pintura, es muy destacada por su innovación. Y es que supone un giro en el estilo de Da Vinci al no representar a la mujer de perifl (como en sus retratos anteriores) sino en un perspectiva de tres cuartos, realizando una composición mucho más dinámica y con una luz que proviene de una sola fuente que aporta un “carácter plenamente tridimensional, logrando el efecto de vida real”, según palabras de Carmen García-Frías, la conservadora de pintura de Patrimonio Nacional.

La exposición, iniciada el 3 de junio, se prolongará hasta el 4 de septiembre, e incluye obras desde la Edad Media hasta el siglo XVIII. La otra perla es “Niña en un marco” (1641), de Rembrandt, en la que destaca la innovadora posición en el espacio de la figura de la niña, que parece sujetar el marco del cuadro. El próximo mes será España quien llevará su arte a Polonia con Tesoros del Patrimonio Nacional de España.

Miguel Alonso 

Sala de Exposiciones del Palacio Real de Madrid.

De lunes a domingo de 10:00 a 20:00 horas.

Más información en Patrimonio Nacional.

"Niña en un marco", de Rembrandt

Written by siglosatras

4 junio, 2011 at 22:22

Índalo: El hombre en relación con la Tierra y el Universo

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Índalo

Son muchos los símbolos que nos han legado las culturas antiguas, que permaneces inscritos, grabados o dibujados en papiros, cuevas, piedras u otras representaciones que hoy consideramos artísticas y que, quizás en sus orígenes, eran medios de comunicación o de contacto con el mundo divino y mágico. Hoy nos acercamos a uno de esos símbolos: el índalo.

Se trata de la representación de una figura humana con las piernas abiertas y los brazos extendidos que tiene un arco iris en sus manos, si bien otros consideran que se trata de la Vía Láctea o la Bóveda Celeste. A muchos les resultará familiar, sobre todo si son del sur de España, ya que se trata del símbolo de Almería. La razón es que se descubrió en una pinturas rupestres del Cerro Maimón en esa zona de Andalucía (Cuevas de Los Letreros). Estas representaciones datan de entre el 8500 y el 3500 antes de Cristo, el Neolítico tardío o Edad del Cobre, y son patrimonio de la Humanidad.

Sin embargo, a lo largo de la historia se han hallado otros ejemplos, no sólo en diversos puntos de España, sino de todo el globo terráqueo, pues el índalo ha sido representado por diferentes civilizaciones y en distintas época. Podemos decir que se trata de un símbolo universal. Un dibujo en el Templo de Ramsés II en Abydos (Egipto) es un claro ejemplo de ello, o el famoso dibujo del genio Leonardo Da Vinci, que se trata de una de las representaciones más conocidas (“De proporciones según Vitrubio de la cuadratura del círculo”, de 1490).

Índalo en el Templo de Ramsés II en Abydos (Egipto)

Además de ser durante siglos el símbolo de la buena suerte, el índalo representa al ser en plenitud, la armonía del universo, y es el símbolo de la mujer y el hombre universales. Conocido como Hombre Arcoiris que interactúa con el Universo, es de gran importancia para la iconografía mexicana, además de ser el símbolo de la responsabilidad de cada individuo de amar y proteger a la Tierra (según la tradición de Hawai), un significado sin duda muy bello. Asimismo, a mediados del siglo XX se tomó como símbolo del movimiento intelectual y pictorico llamado precisamente movimiento indaliano, encabezado por Jesús de Perceval.

No está claro si etimologíacamente la palabra índalo procede de la lengua de los íberos (el indal eccius o mensajero de los dioses) o si el origen está en el patrón de la ciudad de Almería, San Indalecio. En cualquier caso se trata de un ejemplo más, entre tantos, de la importancia de la simbología para nuestros ancestros (como para nosotros hoy) y de la universalización de tantos y tantos gestos, figuras, palabras, hábitos y costumbres que han guiado las vidas de pueblos muy lejanos en el espacio y en el tiempo.

Miguel Alonso

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Written by siglosatras

5 marzo, 2011 at 17:07

Sensaciones a golpe de brochazo

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Desde la invención de la escritura en la antigua “Tierra entre dos ríos” (Mesopotamia) a finales del IV milenio antes de Cristo, la cultura y el arte se han transmitido de un modo tan fascinante que nos permite conocer hoy lo que fuimos ayer.La escritura, la historia y el arte son tres pilares claves de la Humanidad, tres robustas columnas sobre las que se asienta nuestro presente.

En numerosas ocasiones, no somos capaces de valorar su importancia. La vida que llevamos nos sumerge en un estrés –en muchas ocasiones provocado por nosotros mismos- que nos impide ver más allá de nuestras obligaciones más inmediatas.

Esto sucede especialmente con el arte: es visto por muchos como un accesorio que nos entretiene en los museos y que en ocasiones ni siquiera llegamos a entender. Pero el arte es mucho más que eso: es un modo de expresión espectacularmente polivalente; un método del que se sirven los artistas para contar algo, sea lo que sea, desde un hecho mitológico, como hiciera el grandísimo Diego Velázquez con La Fragua de Vulcano (1629), hasta un acontecimiento histórico, siendo un buen ejemplo Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya(1808), por no alejarnos de España.

Pero, sin quitar mérito a tan grandes maestros (jamás, Dios me libre), es relativamente sencillo (no se tome la palabra sencillo como sinónimo de fácil y cómodo) llevar a cabo la representación pictórica de una escena real o realista: sólo ha de aprenderse la técnica y ponerse con pintura y pincel ante un lienzo en blanco fijándose en dicha escena (añadiendo la destreza indiscutible que ha de poseerse).

Es mucho más complejo, sin embargo, representar de manera visual y pictórica aquello que no podemos ver. Cuántas veces, estando plantado ante una obra abstracta, una escultura de hierros retorcidos o una mancha negra sobre un fondo blanco, he escuchado (y seguro que también quienes están leyendo) aquello de “¿Esto es arte? Esto también lo sé hacer yo”. Estoy seguro de que todos podemos coger un pincel, mojar las cerdas en óleo negro y dar un brochazo sobre un lienzo blanco. Pero, ¿significaría algo?

Ésa es la esencia del arte: su signidficado. Las obras contemporáneas (en su mayoría) precisan de la explicación del artista para que el espectador sepa qué representa la obra. Algo que no sucede, por ejemplo, cuando estamos ante una escultura como el David de Miguel Ángel (1501/4) o ante la Gioconda de Da Vinci (1503/6). Todos entendemos que son un hombre y una mujer, respetivamente (pese a las reticencias a creerlo en el segundo caso por parte de algunos estudiosos) y apreciamos sus rasgos, que se asemejan a los nuestros. Por eso nos gusta el arte clásico, el arte renancentista, el arte realista…

Pero muchos no alcanzan a sentir atracción por lo abstracto. Y el problema, creo yo, es ése: que se precisa de una explicación. Es entonces, cuando la recibimos, cuando de verdad podemos valorarlo, y darnos cuenta de que el autor pintó una mancha negra sobre un fondo blanco porque se sentía sólo, marginado, peor que los demás, oscuro inmerso en una clara masa que no le entendía.

Es un ejercicio estupendo coger un papel y tratar de plasmar nuestros sentimientos sin palabras y sin formas reconocibles. Representar el amor con un corazón es algo facilón, simplón e incoherente en cierto modo, pues no tengo la certeza de que esté demostrado que los sentimientos se albergan en el corazón, ni el amor ni ningún otro sentimiento. ¿Cómo representas el amor de manera abstracta? ¿Y el odio? ¿Y la soledad?

El mérito del artista contemporáneo es mayor o igual –en ningún caso inferior- al del artista realista. Plasma sensaciones de manera plástica, y eso ya le hace ser especial. ¿Quién puede dudar de la calidad artística de las obras de Kandinsky, por ejemplo?

Me interesa mucho la figura de van Gogh, un artista postimpresionista que plasmaba a la perfección sus sentimientos. La técnica postimpresionista es una evolución del impresionismo (que lo es a su vez del realismo), de modo que apreciamos cosas reconocibles en su obra, pero no tal y como son realmente, sino que las distorsiona haciéndolas pasar por su filtro personal.

Van Gogh llegó a volverse loco y a querer morirse, y su último cuadro, Cuervos sobre el trigal (1890), lo muestra a la perfección.

El mérito no es que pinte cuervos o un campo de trigo que somos capaces de reconocer, el mérito está en que, al mirar el cuadro, sabes que ese hombre estaba desequilibrado, que ya nada le importaba. Tanto es así, que al acabar dicha obra de suicidó.

La cantidad de pintura que aplica (incluso con el mango del pincel), la pincelada gruesa y en ocasiones aleatoria, la simbología de los cuervos negros, la sensación de inestabilidad, de inseguridad, incluso de miedo en una noche oscura y nublada… Eso es lo que le convierte en un genio inigualable.

Miguel Alonso

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Written by siglosatras

24 noviembre, 2010 at 21:53

Publicado en Arte, Cultura, Opinión, Pintura